viernes, 20 de noviembre de 2015

TIEMPO...


Hubo un día en el que el tiempo se detenía, los árboles eran gigantes y las mariposas hadas, un tiempo en el que caerse solamente significaba rasparse las rodillas, levantarse, sacudirse el polvo y continuar.


Hubo un momento en el que un simple regaño era una gran tormenta pero también, en ese instante, tu mano me sostenía, tu mirada me llenaba y tu sonrisa me alegraba.

Un instante en el que creí, tontamente, que serías eterno, que nada nos separaría, pero fue sólo eso, un instante que pasó demasiado pronto pues en un abrir y cerrar de ojos ya no estabas.

Mi héroe, mi maestro, mi cómplice, mi papi, quisiera regresar el tiempo y volver a ese instante en el que jugar era todo lo que hacíamos tú y yo, ese preciso momento en el que tus brazos rompían mi tristeza, pero eso ya no es posible.

Hoy mi tristeza es por ti y tus brazos no pueden romperla; sin embargo, paradógicamente, me hace feliz saber que has logrado lo que tanto deseabas, por lo que tanto trabajaste y que ahora le sonríes a Dios cara a cara, con esa hermosa sonrisa que siempre tuviste, esa que te caracterizaba y que hoy ilumina el cielo.

Te amo papito, por y para siempre!