miércoles, 2 de septiembre de 2015

Hij@ de Pastor


Ser hij@ de Pastor va más allá de un simple título, es mucho más que sonreír, saludar, que te traten bonito y todas esa cosas que la gente piensa que sucede con los hijos de Pastor.


En mi caso, estuve desde los cinco años en la Iglesia, mis papás no siempre fueron Pastores pero en mi familia siempre los hubo, cabe mencionar que todos mis tíos lo son. Mi papá se convirtió en Pastor cuando yo tenía al rededor de quince años, que de entrada es una etapa difícil para todo ser humano,  una época en mi vida en  la que los cambios fueron tan fuertes que a veces no entiendo cómo logré llegar hasta aquí, bueno en realidad sí sé, Dios ha sido bueno.

Él, mi papá, ya no era solamente mío o de mis hermanos, ahora era el papá de muchos más, de la noche a la mañana mi familia creció; gente de todas las edades , clases sociales, formas y tamaños acudían a mi papá para platicar sus problemas,  triunfos,  angustias y alegrías, las noches se volvían aún más largas cundo se trataba de atender algún asunto de alguien de la Iglesia, las noches ya no eran solo nuestras pues siempre acudía cuando lo llamaban.

Servir a Dios era su más grande tesoro y su mayor pasión, no importaba el día, la hora o el clima, siempre estaba ahí; era algo así como un cartero que hacía su "chamba" sin importar si llovía, tronaba o relampagueaba, la vida, su vida, era de y para Dios.

A veces creo que las personas no saben de los recuerdos que no se crearon, las cenas que no se vivieron, las alegrías o tristezas que no se compartieron porque él estaba atendiéndolos.

Creo, sinceramente,  que si la gente hubiera entendido eso, hubieran valorado y honrado más su presencia, porque su presencia en otra casa era su ausencia en la mía, pero como bien dicen, el "hubiera" es un tiempo perdido.

Ser hij@ de Pastor va más allá de un nombramiento, es ceder el tiempo de tus papás, en ocasiones es pasar cumpleaños solo, desayunar, comer o cenar solo, es aprender a caminar entendiendo que tus papás ya no son tuyos.

Muchas veces lo que duele no es su ausencia, pues sabes que todo lo hace por amor a Dios y a las personas ya que para eso fue llamado, lo que duele es darte cuenta que esas personas por las que  se desvive son las primeras en traicionar, juzgar y lastimar, personas que no entienden el valor de su presencia; sin embargo, existe el otro lado de la moneda, ese que sólo él, tu papá y Pastor puede enseñarte y es amar a las personas hacia su destino, sonreír a pesar de las ofensas porque somos amor y es ahí cuando las cosas cambian para bien, pues has aprendido de un GRANDE a salir adelante aún en medio de la adversidad, has aprendido a perdonar para ser tan grande como él, tu papá.

Y al final del día, no importa lo que suceda, las ausencias y demás, siempre te sentirás orgulloso de ser el/la hij@ del Pastor, siempre sabrás que mejores padres no pudiste tener porque su ejemplo de fortaleza, dedicación, pasión y amor por Dios son su legado para ti.


Casi todo el texto lo hablé en singular y refiriéndome a mi papá, no porque mi mamá no sea importante porque claro que lo es, es una gran mujer y Pastora; hablé en singular porque quería, hoy, recordar a mi papi que ya se encuentra viendo a Dios cara a cara.

TE AMO PAPI, GRACIAS POR SER MI EJEMPLO Y DEJAR UN LEGADO TAN HERMOSO.

VA POR TI!!